Del voto a la cofinanciación
Las propuestas que reciben mayor apoyo pasan a campañas con presupuestos desglosados, recompensas simbólicas y calendarios realistas. La transición del voto a la aportación fortalece la responsabilidad compartida, filtra ocurrencias inviables y premia iniciativas maduras. Además, el compromiso económico, por pequeño que sea, genera una comunidad atenta al avance, dispuesta a colaborar en voluntariados, pruebas piloto y evaluación. Así, la energía deliberativa no se disipa: se transforma en capacidad de ejecución con metas claras, hitos públicos y resultados verificables en el territorio.